LA CASONA DE OMAÑA, UNA PREOCUPACIÓN DE PROMONUMENTA

LA CASONA DE OMAÑA, UNA PREOCUPACIÓN DE PROMONUMENTA

La casona que liberó a Omaña

EL SOLAR. de los Flórez de Quiñones, en el municipio de Riello, es una joya no sólo para la arquitectura y la etnografía, también por una excelente biblioteca cuya conservación lleva años exigiendo el colectivo Promonumenta.

  • Fachada de´la casona de los Flórez de Quiñones. ARCHIVO -
    Fachada de´la casona de los Flórez de Quiñones. ARCHIVO –

 

E. GANCEDO | LEÓN

Con cada año que pasa, el valor de los elementos que dieron forma y sentido al día a día de cuantos nos precedieron va cobrando mayor relieve: rastros, ramos, pendones, forcas, focetas, carros, gadaños… su sombra se alarga conforme se pierde su uso y adelgaza su memoria. Y ocurre lo mismo con esas casonas leonesas que en sí mismas son un álbum ilustrado sobre cómo vivían y morían nuestros mayores, y una de ellas, muy singular, duerme su sueño de siglos en el municipio de Riello.

Se trata de la casa solariega de los Flórez de Quiñones, una fortaleza de sobria piedra montañesa en su exterior y un auténtico museo etnográfico cuando se cruzan sus portales. Y un monumento cuya conservación y difusión lleva años exigiendo la veterana asociación en defensa del patrimonio Promonumenta, que han efectuado tres hacenderas de limpieza en el lugar (la última hace algo más de dos años) y que también ha hecho hincapié en el estado de su más que notable biblioteca.

Reunida durante años por los miembros de la familia —esos apellidos que van grapados a la historia de León y que cuenta en las ramas de su árbol con ilustres juristas, escritores y religiosos—, consta de entre 2.500 y 3.000 libros, sobre todo de historia, teología, gramática y clásicos. El profesor jubilado José Luis Gavilanes Laso, miembro de Promonumenta, calificaba la colección de «muy interesante» e informó de que la documentación que contenía, de gran relevancia para el estudio del Derecho consuetudinario, se encuentra en el Archivo Histórico de León pero el estado de los volúmenes, unos apilados en cajas y otros ubicados en armarios, «es preocupante».

Gavilanes explicó que hace un año acudieron a Omaña junto al director de la Biblioteca Pública de León, Alfredo Díez Escobar, para proponer al ayuntamiento de Riello, su actual dueño, la cesión temporal de esos libros a la entidad de la calle Santa Nonia para su conservación en lugar seco y seguro hasta que el consistorio omañés dispusiera de un lugar adecuado para disponerlos: en ese momento serían devueltos a la comarca. «Promonumenta se comprometía a trasladar los libros, a poner la furgoneta… pero desde el ayuntamiento se contestó que tenían que reunirse para tomar la decisión, la cosa se aplazó, y en ese punto seguimos», continuó José Luis Gavilanes, haciendo ver que algunas partes de la casona adolecen de un grave deterioro, por ejemplo con goteras «que pueden hacer peligrar el tejado». Las hacenderas que llevaron a cabo en su día se centraron en la huerta poblada de maleza pero también en un sorprendente interior de bancos, arcones, escaleras, horno, cocina que incluye llar de suelo, alcobas con buena parte de su mobiliario intacto… y hasta una curiosa letrina.

Datada entre los siglos XIV y XV, en el dintel consta la fecha de 1779, correspondiente a una reforma de la casa original, y fue cedida por la familia al municipio de Riello hace 18 años. Los hermanos Menéndez Pidal, ilustres lingüistas e historiadores, pasaban temporadas en esta casona-palacio gracias a su amistad con uno de sus últimos moradores, el abogado y notario Vicente Flórez Quiñones y Tomé, célebre por suprimir el tributo feudal del Pan del cuarto que obligaba a los labradores de la comarca a entregar a los condes de Luna una de cada cuatro partes de centeno recogidas.

Una tardía abolición que firmara el entonces presidente de la II República, Manuel Azaña, en 1931. Para ello, eso sí, un vecino de Guisatecha, el señor Francisco, más conocido como don Francisquín, viajó de Omaña a Madrid, nada más ser declarada la República, para informar a las Cortes de un tributo medieval que desconocían por completo, como recuerda el investigador Juan Carlos Ponga Mayo.

Por su parte, el alcalde de Riello, Manuel Rodríguez Díez, aseguró a este periódico que los libros no se encuentran en mal estado como denuncian desde Promonumenta («están en un sitio protegido y con suelo de tabla, mucho mejor que cuando los recibimos»), confirmó el traslado de los documentos al Archivo Histórico y recordó también los esfuerzos de la entidad local por adecentar la casona, incluidas limpiezas con ayuda de reclusos de Villahierro.

«Cuando se pueda, ubicaremos los libros», prometió, pero hizo ver lo «limitado» de los presupuestos que maneja un municipio con nada menos que cuarenta poblaciones y 600 vecinos. «Hay muchas necesidades básicas a las que hacer frente antes de arreglar una casona que requiere un esfuerzo económico que en estos momentos no podemos afrontar», argumentó, y avanzó incluso que propondrán a la familia su devolución dado que le resulta imposible garantizar su recuperación.

Mientras tanto, este palacio rural omañés duerme… y sueña con tiempos mejores

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